El conocimiento de la acción orgánica que cada alimento induce no forma parte de la cultura occidental. Así pues, ¿Quién puede certificar sobre qué víscera actúa el ajo? Y la manzana, ¿calienta o enfría? o dicho de otro modo, ¿Para qué sirve? ¿El trigo y la avena expresan alguna diferencia en su expresión metabólica más allá de su diferencia de sabor o color? Y la leche, ¿Cuándo es útil y benéfica y cuándo inútil o perversa? Hay pocas respuestas.
Por consiguiente, puesto que la acción energética de cada alimento es tan imprecisamente conocida, el criterio es propiedad de los especialistas que determinan su valor por el recuento de hidratos de carbono, lípidos, proteínas, fibras, enzimas, vitaminas y minerales que contienen, lo cual es importante saberlo.
Establecidas de esta manera las bases dietéticas, alimentos como las legumbres en conjunto, son todos idénticos. Las verduras igualmente, las frutas ácidas entre sí y las frutas dulces son agrupadas en cuadros únicos.
Realmente, la observación y la experiencia clínica China han precisado acciones de los alimentos específicas tonificantes digestivas, calmantes nerviosas o humectantes de la piel. Es decir que cada verdura, legumbre, cereal, fruta, proteína y aditivos, interactúan de manera muy concreta sobre diferentes signos y síntomas de la enfermedad.
Por eso es fundamental que cada tratamiento se acompañe con una o varias Dietas Definidas dependiendo de los síndromes a tratar, con lo que se va a conseguir complementar mucho más la acción terapéutica.